El “Baúl” de Virginia Gámez

En una grabación en directo del cantaor Antonio Núñez “Chocolate” decía al público: “El cante pasa, no es un cuadro que se pinta y se pueda contemplar en cualquier momento. Hay que escucharlo”. Esa frase se me vino a la cabeza ayer viendo el espectáculo que dio la malagueña Virginia Gámez, porque había que vivirlo, aunque intente con estas letras expresar lo que pasó ayer.
Un Teatro Cervantes abarrotado daba la bienvenida a una Virgina que aparecía en el escenario pletórica con un elegante vestido negro de transparencias y brillantes. La artista comenzó su actuación con una sentida ovación a su ciudad natal, Málaga, con la que vibró y con la que se metió al público en el bolsillo desde el primer momento. Después llegaron otros temas entre los que incluyó piezas de su disco “Soñé”, acompañada de su guitarrista Andrés Cansino, Juan Soto al bajo, Eloy Heredia a la guitarra, Javier Tapia al piano y José Ángel Molinero a la percusión. Incluso el tema “Mediterráneo” de Joan Manuel Serrat interpretó. Como ella dijo, iría sacando del Baúl sus canciones, sus recuerdos.
Fue en ese momento cuando invitó a subir al escenario a su amigo Javier Jerez, con quien interpretó “Música de mi locura”, que cantara en su disco junto a Maite Martín.
El momento flamenco llegó en la segunda parte. Se había escapado entre bambalinas, dejando a su Andrés Cansino tocando un solo de guitarra mientras se cambió para aparecer con una falda larga ceñida estampada de colores alegres, camisa negra de generoso escote y sombrero cordobés. Se adivinaba su avanzado estado de gestación.
Se atrevió a recitar con arte esa “Glosa a la soleá” que interpretara y popularizara Pepe Pinto, que tanto respeto impone y con la que pocos se atreven. Con la vidalita “Puerta entorná” puso la artista su sello personal.
Sabida por sus seguidores y amistades es la relación tan estrecha que la une a La Lupi y a su Curro de María, al que le tiene incluso unos fandangos dedicados. A ellos los invitó a subir al escenario y, junto con otro de los guitarristas de su vida, Andrés Cansino, que la acompañó en todo el espectáculo y con quien grabara su disco, la liaron por alegrías. Mientras Virginia entonaba:

Plaza de la Malagueta
La del amarillo albero
La que huele a moscatel
Y a capote de torero.

Salió La Lupi… ¡Ojú con la Lupi! ¡Qué arte, señores! ¿Quién pasea una bata de cola como ella con esa fuerza, ese compás, esa dulzura, ese paladar? Una bata beige con toques rojos y un mantón a juego cuajado de bordados que hizo bailar a un compás que deleitó y emocionó a todos los presentes, que no le quitamos ojo ni un segundo de su actuación. Impresionante.
Antonio Cortés apareció en la tercera parte, la dedicada a la copla. Era otro invitado de honor, que dijo de Virginia “ser su maestra”. Juntos interpretaron “Y sin embargo te quiero”, una joya musical que nos dejaran Quintero, León y Quiroga. Para entonces, la cantante lucía un vestido verde oscuro con remates arabescos dorados. Pegada al piano, no dejó de cantar clásicos de la copla española que encendieron aún más al público.
Para terminar, se acercó al respetable no sin antes anunciar, embargada por la emoción, la llegada de un ser que está en su interior. Su Manuel. El teatro entero la ovacionó y la que escribe estas letras no pudo reprimir las lágrimas.
¡Enhorabuena, artista!

VirgniaGámez

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