Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 2.200 veces en 2015. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 37 viajes para llevar tantas personas.

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Gracias a tod@s por hacerme sentir feliz pensando que os gusta y os interesan mis palabras. Desde este sitio os deseo de corazón un Feliz Año Nuevo.

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Manuel Agujetas

Agujetas.jpgTendría yo unos ocho años cuando en el Peugeot 504 de mi padre y de camino a Santa Amalia los domingos sólo se escuchaba una y otra vez “Eres como la retama”. A pesar de mi edad, no me disgustaba y de vez en cuando pasaba la cinta para volver a escuchar unos cantes que, por entonces , desconocía. Ya más mayor, adolescente, me emborraché de sus cantes, de los de su padre e incluso los de sus hijos Dolores y Antonio posteriormente.
Esos pellizcos que me metía la voz negra y salvaje de Manuel hicieron que se convirtiera en el instante en un icono de gitanería y jondura que mitifiqué hasta adorarlo con la devoción que tan sólo merecen los grandes como él.
Pasaron los años y fue en el año 2000 cuando acudió al festival flamenco “Torre del Cante” en Alhaurín de la Torre y así cumplí unos de mis sueños: conocer a Manuel de los Santos Pastor “Agujetas de Jerez”. Sabiendo de su carácter ambivalente me pregunté durante toda la noche una y otra vez si atreverme o no a preguntarle acerca de su vida, su sentimiento flamenco y otras curiosidades.
Con veintitrés años estaba hablando con el más genial de los cantaores que ha parido madre con el que he coincidido en la línea del tiempo, además de Fernanda de Utrera a la que también conocí años más tarde y, por supuesto, Rancapino.
Aquella noche de 2000, por avatares del destino, a Manuel le cogió bien y estuvimos casi toda la noche hablando. Estaba con su mujer la japonesa y se prestaba a contestar todo lo que se me pasaba por la cabeza siempre con la precaución y el riesgo de no saber por dónde iba a salir. Los genios son así.
Recuerdo que entablamos conversación mis hermanos Antonio y Álvaro, la prima Ana Rocha y quien les escribe con él convirtiéndose en algo ameno y gracioso con tintes de locura y sabiduría por parte de este genial cantaor. Algunas de las cosas que dijo no he llegado aún a entenderlas.
La cuestión es que nos contó el por qué tenía aquella dentadura de oro que tan hostil aspecto le daba al igual que la cicatriz haciendo bromas incluso sobre el destino final de esa dentadura a la que muchos aficionados habían echado el ojo y le llegaban a amenazar diciéndole que “cuando te mueras te voy a desenterrar y te la voy a robar” algo que decía mientras reía. Yo no sabía si reír, ponerme seria o callar. Nos habló de su padre y cómo le escuchó los cantes, que no le gustaban las sevillanas a excepción de las corraleras y que le encantaba Japón atreviéndose a aseverar con una certidumbre pasmosa que había allí más afición al flamenco que aquí, algo que me dejó realmente impresionada. No entendía cómo podía darse ese fenómeno a tantos kilómetros de aquí, de donde es propio, pero si lo decía él ¿cómo atreverme a dudarlo?
A la pregunta ¿Quién te gusta cantando, Manuel? Sin dudarlo un momento me respondió: “Nadie. El mejor que canta soy yo. Los demás son una mierda que no saben ni lo que cantan. Pero yo sí. El Chocolata y la Fernanda. Y ya está. Tú se lo dices a quien sea que te lo he dicho yo”. Yo tan sólo hacía asentir y reír por dentro ante la claridad de sus respuestas sin ningún tipo de miramientos y algunas entonaciones en cualquier momento de la conversación.
¿Y por qué te llaman Agujetas?, le pregunté. “Mi padre estuvo trabajando en el ferrocarril y era el encargao de llevar las agujas, las agujetas. Y el agujetas se le quedó y yo como soy su hijo po también”.
Otra de las cosas que me sorprendieron fue la incertidumbre sobre su lugar de nacimiento: en algún lugar entre Jerez y Rota. Tampoco sabía muy bien el día. Su madre le pilló en el campo cuando dio a luz y cuando fue a sacarse el carnet de identidad no tenía no los papeles de nacimiento. ¿A quién le pasan esas cosas?

Durante la conversación llegó a sentirse con tal confianza que al final me dio la dirección de su casa del campo para cuando pasara por Cádiz parara en el camino de Rota en la Venta Torrebreva donde años después le harían la película “Agujetas. Cantaor” de Dominique Abel y a donde, por ir dejándolo, nunca llegué a ir, algo de lo que hoy me arrepiento enormemente aunque me agarro a esa noche tan maravillosa que me regaló y que nunca olvidaré.
Cuando salió al escenario, acompañado de Antonio Soto a la guitarra, lo dio todo y volvió loco a todo el mundo. Terminó su actuación y se fue. Años después, durante mi presidencia de la peña flamenca, intenté en varias ocasiones que acudiera a la cita de junio en el festival pero fue imposible por el elevado caché así como por sus compromisos. Pero, como los Agujetas son una saga, logré traer a su hermano Diego justo el día que me despedí de la presidencia haciendo traer un yunque para que cantara por toná, siendo ese uno de los momentos que recuerdo con más nostalgia durante los años que presidí mi peña flamenca.
Anécdotas aparte, Manuel fue un elegido. Se han dado en él unas cualidades y unos conocimientos además del momento histórico que le ha tocado vivir que, con total certeza, no se volverán a dar en nadie.
¡Ay Manuel! ¡Qué pena que te hayas ido! Los genios como tú debían durar eternamente. Esa pregunta manida y estúpida ¿A quién vamos a escuchar ahora? cobra más sentido que nunca hoy. Ese lamento, esas excentricidades, esa jondura, ese salvajismo, esa gitanería, esa autenticidad, esa manera de ser, esa voz, esos cantes. Estoy realmente amargada de pensar que no estás, que te has ido, que te llevas tantos cantes contigo, tantas cosas… ¡¡Ayyy Manuel!!