La terraza de mi abuela

El tiempo primaveral que se ha adelantado ayuda a que florezcan las flores y los jardines luzcan una imagen anhelada durante todo el año.

El jardín que tiene mi abuela en su terraza es espectacular y hoy, con los rayos de luz filtrándose por el toldo, hacían de él todo un lujo. Sentadas las dos bajo al fresco, con temperatura cálida y mirando a Jabalcuza, en la terraza, en montones de macetas y macetones una algarabía de abejas se concentraban en torno a las delicadas flores de un limonero y un naranjo.

¿A quién se le ocurre sembrar un limonero y un naranjo en macetones para tener en su terraza? A un hombre de campo. Mi abuelo estaba muy apegado al terruño y cuando vendió su casa del campo para venirse al pueblo, en el piso dejó rastro ¿cómo no?.

No me atrevía a tocar ni al limonero ni al naranjo, no fuera a ser que se mosquearan. Pero sí me acerqué al romero, tan oloroso y colorido con sus flores moradas. Pimientos también tiene sembrados en arriates grandes de plástico y alguno sale de vez en cuando, igual que las naranjas. Muchas más plantas de las que desconozco el nombre estaban rebosantes de vida, renaciendo un año más, asegurando la continuidad de su estancia en el mundo. Pero sin duda, el tomillo atrajo mi atención.

Es muy difícil que el tomillo agarre en las casas, máxime cuando se trata de un tomillo de la sierra oloroso y seco. Es curioso cómo esa planta ha podido agarrar en una maceta y ser tan fructífero. Cogí un tallo tierno y lo probé. Un sabor amargo y fuerte pero un olor exquisito que me hizo recordar momentos de mi infancia en el campo al que iba de la mano de mi abuelo. DSC_0518[1] DSC_0520[1] DSC_0516[1]

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Jornadas Provinciales de Flamenco en Granada

Hasta ahora el flamenco ha llegado a los discentes de la mano de profesorado aficionado que ha querido trasladar al alumnado el rico conocimiento y la antigua tradición que encierra el flamenco, ese arte que nos caracteriza a los andaluces y andaluzas.

El nombramiento por la UNESCO de este arte como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad ha venido a cambiar la percepción, muchas veces unida a la marginación, la drogadicción y la exclusión social, que muchos tenían de forma equivocada. Se han tomado decisiones importantes para conocerlo, difundirlo y estudiarlo de la forma en que se merece. Una de las iniciativas más recientes ha sido la creación de un Portal Docente del Flamenco así como una orden en la que se legisla la inclusión del flamenco en el sistema educativo andaluz, la orden de 7 de mayo de 2014.

Debido a que apenas existen experiencias de este tipo en el ámbito educativo, y a sabiendas de que llevaba realizando una actividad de estas características desde 2007, Cristina Agudo, del Centro de Profesorado de Granada se puso en contacto conmigo para invitarme a dar una ponencia sobre “El flamenco al aula”. Así que, durante el martes y el miércoles, se expusieron diferentes actividades y experiencias educativas que giraban en torno al objetivo de dar a conocer el flamenco.

Desde que fui presidenta de la peña flamenca “Torre del Cante” llevo organizando la actividad, que han dejado en mis manos presidente tras presidente, y un total de setecientos alumnos/as han tenido contacto con el flamenco. De ella hice un estudio y lo presenté en la Universidad de Sevilla. Estoy pendiente de publicarlo. Y cuando me invitaron me dio mucha alegría poder exponer un trabajo que se lleva haciendo casi una década aquí, en Alhaurín de la Torre, y que bien puede servir de referente, ofrecer metodología a docentes con motivación además de constituir ya una vértebra importante que aúna flamenco y educación.

Cuando supe que expondría mi actividad en el marco de las Jornadas Provinciales sobre Flamenco en la peña La Platería, la decana de las peñas flamencas, por supuesto que me sentí orgullosa además de cierto vértigo por el respeto que me impone. Lo hice saber a mi peña flamenca y, sin dudarlo un momento, Ildefonso Espínola, el presidente, pensó en alquilar un autobús para acompañarme, para arroparme, orgulloso de que la peña que representa sirva como referente y así poder conocer la decana de las peñas flamencas, La Platería, desde la que se expandió por todo el mundo el movimiento peñista configurando un tejido social, cultural e histórico que aún no ha tenido el reconocimiento merecido.

El miércoles 25 de febrero fui a recoger a un nutrido grupo de socios y socias al Mirador de San Cristóbal. Un total de cuarenta. Me sentí muy agradecida nada más verlos allí. Habían venido a apoyarme, a verme. En silencio, me emocioné. Por la red de calles y callejas del precioso barrio del Albaicín, con la dificultad que entraña, máxime si había en el grupo personas mayores algunos, incluso, con bastón, fuimos bajando las cuestas hasta llegar al precioso lugar en el que está enclavada la peña.

Nada más llegar, nos recibieron miembros de la Junta Directiva Víctor Vázquez y Antonio Conde, y al momento llegó el archivero, Antonio, y el presidente Juan de Dios. Sorprendidos veían cómo un buen puñado de aficionados malagueños llegaban a su peña con una admiración palpable, sabedores de la trascendencia de esa peña flamenca. Empezamos la visita guiada y, para cuando me puse a pensar, habían venido puntales muy importantes sin los cuales la peña no existiría: unos porque fueron socios fundadores de la peña flamenca y otros porque han contribuido y contribuyen día a día en la labores de sonido, presentación, difusión, organización de infinidad de actividades. Me refiero a Blas Romero Baca, Cristóbal Martín Ropero, Manuel Jiménez Castro, las hermanas María, Mari Carmen y Santi Morales, su sobrina Salvori Morales y su marido Juan Farfán, José Gómez González, Miguel Calero con su esposa, Joaquín, Rafael Rosas, Ricardo García Sánchez, María Sánchez viuda de Miguel el Jerezano, Emilio Pérez y su esposa Victoria, Manolo Caballero y su esposa, Loli de Los Palacios, Pepe Dominguez y el presidente Ildefonso Espínola, con su mujer. Además vinieron mis padres, mi tía Reyes y mi prima Bárbara y un grupo de amigos del Bar Peña con Juani Peña a la cabeza. Representantes de mi pueblo, socios insignes, amantes del cante, embajadores de la peña “Torre del Cante”. Orgullosa y arropada. Así me sentí, además de agradecida.

Después de visitar la peña La Platería y sus rincones: salas de estudio y reunión, exposición y museo, coronadas por un mirador privilegiado al palacio nazarí, fuimos hasta la sala de conferencias o recitales. En ese momento, el presidente de la peña La Platería recogía de manos del presidente de la peña flamenca “Torre del Cante” una torre en la que rezaba en una chapa el motivo de la visita, que no era otro que la charla que yo estaba a punto de dar. Y no es que yo fuera a hablar de flamenco, pues no estoy capacitada para ello, iba a dar a conocer de una actividad gestada y realizada en el seno de la peña dirigida al alumnado del IES Gerald Brenan que me enorgullece realizar año tras año, curso tras curso al igual que me enorgulleció saber que gracias a esa charla mi peña tomaría contacto, por primera vez, con la decana de las peñas. Otro honor.

Gracias a Cristina Agudo, organizadora de las Jornadas Provinciales, pude presentar mi experiencia educativa animando al profesorado a realizar actividades encaminadas al estudio, difusión y conocimiento del flamenco que es nuestra seña de identidad.

Después de la ponencia, nos fuimos hasta el rincón del cante, donde nos tenían preparado un agasajo. Entrecogimos al guitarrista Rafael de Hoces, ya que Antonio Conde estaba “rozado” y se quedó escuchando al personal. Mari Carmen, Santi y Salvori Morales, Loli de Los Palacios y una atrevida servidora nos echamos a cantar un puñado de cantes: malagueñas, fandangos y tangos. Manuel Jiménez Castro fue el único varón que se arrancó. Echamos un rato de lujo en un lugar de lujo que se quedó maravillado con la afición alhaurina.

Pendientes de repetir y agradecida siempre a vosotros, mis socios, mis amigos. ¡Gracias!

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Manuel Jiménez Castro, por fandangos de Lucena.

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Mari Carmen Morales por malagueñas y Rafael Hoces a la guitarra

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Servidora, Rafael Hoces, Santi, Mari Carmen, Salvori y Loli. Las mujeres cantaoras.

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Loli por fandangos y Rafael a la guitarra

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Juan de Dios, presidente de la peña La Platería, leyendo la torre que se le regaló con motivo de la visita, del que hizo entrega nuestro presidente Ildefonso Espínola.

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En el rincón del cante de La Platería

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Conferencia en el salón de actos de La Platería.

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Salvori Vega Morales al cante, Rafael Hoces a la guitarra.

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Cartel del Concurso de Cante

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Alhaurinos, socios, aficionados… peñistas de “Torre del Cante” y de “La Platería” unidos por el flamenco.

Una sorpresa y un regalo

Aún tengo pendiente hacer una crónica sobre la ponencia que hice en la peña La Platería el miércoles pasado, aunque la entrada de hoy está directamente relacionada.

Cuando me llegué a recoger a mis amigos del pueblo que habían venido a acompañarme hasta la capital nazarí al Mirador de San Cristóbal, un hombre mayor con gafas y un bastón se acercó hasta mí para presentarse. Nunca había hablado con él, ni siquiera lo conocía de vista. Me dijo que era el padre de una muchacha que estudió conmigo Psicología aunque no caía en quién podía ser. Seguimos hasta la peña por las calles estrechas y coloridas, empedradas y empinadas del Albaicín. Pasamos la tarde y la figura de este hombre se desvaneció entre las fotos, la visita a la peña, conversaciones rápidas y las maravillosas vistas a la Alhambra.

El lunes era fiesta en Granada e hice cuatro cosillas en el pueblo. Y me lo encontré paseando por la carretera. Lo saludé e iniciamos una interesante conversación. Me contó quién era, cómo había sido su vida, cuál había sido su trabajo y su mayor afición: el flamenco, así como sus ratos en la peña flamenca del pueblo y en los entornos flamencos. Ahora se estaba dedicando a escribir un libro sobre la historia del flamenco y ya había escrito sus memorias. Sin duda, éste hombre me dejó sorprendida. No siempre se encuentra a una persona con ganas de saber, de hacer, de dar a conocer.

“No sé por qué la gente dice que se aburre. A mí me falta tiempo para hacer las cosas que quiero” me dijo mientras me sorprendía más si cabe escuchar esas palabras de un hombre mayor que echaba su peso en un bastón para buscar mejor el equilibrio mientras pensaba en cómo la vida nos sorprende gratamente con encuentros de este tipo en el que se conocen gentes interesantes que aportan. Me sentí feliz.

“¿Tú esta tarde vas a estar en tu casa? Te voy a llevar mi libro, te lo voy a regalar y te lo voy a dedicar”, me dijo sobre la marcha. Y a mi casa se llegó con su libro encuadernado a las cinco de la tarde, me lo dedicó y empezó a contarme anécdotas antiguas de esas que a mí me encantan y que tan desconocidas son pero que, de una forma u otra, condicionan nuestra vida. Sin ir más lejos me contó que él había puesto la ferralla de la peña flamenca “Torre del Cante” y que ayudó mucho en su construcción. Desde luego que eso me influye porque si no hubiera sido por ese trabajo yo no llegaría a la peña hoy y pediría una copa alegremente o echaría un rato de cante. Un regalo altruista y casi olvidado, porque pienso rescatarlo.

Este hombre se llama José Gómez González y la gente le llama Pepe el Ferralla. Es el padre de mi amiga Loli y también tiene un hijo que es escritor y firma bajo el seudónimo Allen Mortensen, que ha escrito varios libros y tiene su propia editorial.

Pepe Ferralla