Cobarde enmascarado

Se puede ser cobarde de muchas formas: diciendo mentiras, no luchando por lo que amas, haciendo lo contrario a lo que se dice, no afrontando la realidad, teniendo dos caras, tapando la boca a quien te hace preguntas, negar la realidad, negar la evidencia, no apostar por lo que quieres dejándolo escapar, matando, envidiando… Son múltiples las formas de evidencia de esta despreciable forma de actuar, que yo elevo a categoría de rasgo de personalidad.

Pues bien. Ayer recibí una llamada telefónica con número oculto. No me gusta atender a quien no da la cara, pero también cabía la posibilidad de que alguien me llamara por skype. Lo cogí. Al otro lado del hilo telefónico la voz jovial de un varón no muy mayor me abordó del tirón: “María, ¿qué haces?”. Ante el desconocimiento por mi parte de este individuo que de forma tan cercana me trataba lanzé como primera respuesta una pregunta: ¿Quién eres?.

El individuo contestó que se llamaba Manolo y al insistirle preguntando por más datos me siguió contestando de forma monótona y cobarde: “¡Manolo! Ya te lo he dicho ¡Qué desconfiada eres! Y pareces que hasta agresiva… Oye, que me han dicho que tú tienes un blog. Yo te he visto en una foto y eres muy guapa. Quiero quedar contigo. ¿Estás por aquí este fin de semana?”

El tipo desde luego que sabe de mí. Pero yo de él no. Cobarde por refugiarse bajo un fácil pseudónimo. Sin embargo, sus preguntas y sus indicaciones me llevaron a sospechar por dónde iban los tiros y, claro está, mentí. No me da la gana de que me abordes a bocajarro y yo no sepa quién eres ni mucho menos quién te ha dado mi teléfono, es decir, quién te manda llamarme y ponerme a prueba, como buen cobarde.

Pero ésta no es la cuestión, sino que este tal Manolo ha enmascarado al verdadero cobarde que escuchaba, por detrás, la conversación, en medio de cierto bullicio similar al que se puede formar en un bar de tapas donde han quedado unos amigos a tomar algo. Otro que sí sabe algo de mí y que, cobardemente, ponerme a prueba mándandome a un desconocido para ver si quedo con él aún sin dar la cara. Lamentable. Por los dos casi a partes iguales.

Les deseo, de corazón, que aprendan a afrontar con valentía la realidad. Seguro que serán más felices porque vivir con la cobardía alojada en el corazón te llena de miedos e inseguridades, aunque como apostaba al principio, pienso firmemente que la cobardía va inserta en los rasgos de personalidad. Así que… poca cosa se puede hacer.

Cobarde

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Hasta siempre Belén Novelli

Yo no sé los procesos cognitivos responsables de negar la información aún cuando sabemos a ciencia cierta que es verdad. Eso es lo que me viene ocurriendo desde hace dos semanas y aún ahora, cuando escribo estas letras, no termino de creer. Sigmund Freud hablaba de la negación como proceso inconsciente que se niega a creer la realidad.
Lo cierto es que hace un par de semanas recibí un email de Patrick Pierre Novelli. Era muy normal que en mi bandeja de entrada hubiera un email suyo porque manteníamos cierto contacto desde que nos conocimos en el Concurso de Guitarra “Mirando a la Torre” en la peña flamenca “Torre del Cante”. Fue un sábado de marzo de 2011 ya que su hija, Belén Novelli, venía a concursar. Fijé mi atención en ella por varios motivos: era mujer, francesa, tenía quince años y porque se convertía así en la primera mujer, y la única por ahora, en participar en el concurso de guitarra. Rompía con todos los estereotipos de una sola vez. Y no sólo eso. La niña sabía de guitarra un rato y se lució en el escenario haciendo falsetas del Niño Ricardo, de Sabicas, de Diego del Gastor o de su admiradísimo Paco de Lucía, por el que me confesó que sentía una fervorosa pasión.
Tuve la gran oportunidad de hacerle una entrevista y publiqué un artículo que titulé “Guitarrista con A”, que ha tenido más de tres mil visitas desde entonces. Era el primer concurso al que se presentaba y consiguió un merecidísimo tercer premio. Con su clara mirada escondida tras el flequillo y su tímida sonrisa alzó el galardón en un salón abarrotado que le aplaudía a rabiar. Seguramente pensaría que no estaba defraudando a sus padres, que vinieron a España a vivir para que su hija tuviera contacto con el flamenco y aprendiera todo cuanto pudiera. Siguiendo el sueño de su hija dejaron atrás su país y se aventuraron en un mundo que desconocían y que amaban: el flamenco.
A raíz de ahí participó en diferentes concursos como el de la Federación de Peñas Flamencas de Sevilla que ganó y también tuvo invitación en el documental “Tocaoras” realizado por Alicia Cifredo, que hace justicia a las, cada vez más visibles, mujeres guitarristas. Joven y risueña, con una carrera por delante, las ganas de aprender y admirada por la afición.
En el email que me mandó su padre, me decía que Belén falleció el dieciocho de enero de 2015. Me lo ha confirmado dos veces más porque mi mente lo niega en un intento de no aceptar esa terrible noticia. Siento una gran pena porque la conocía, la apreciaba y la admiraba además de ser una chica muy joven con una vida por delante. Tenía veinte años. Hasta siempre, Belén, fue un placer conocerte.


Belén, bonita, descansa en paz. Un abrazo para tu familia. Siempre te recordaremos.

Guitarrista con A

Hoy recupero este artículo que dediqué a Belén. Quiero que conozcáis a esta gran mujer a la que admiro y admiraré por siempre. Ha tenido más de tres mil visitas algo que indica la importancia de esta mujer tan rompedora en el flamenco y yo muy feliz de haber podido ser la primera persona que le hizo una entrevista. Mañana publicaré un nuevo post dedicado a ella… atentos a este artículo que hoy publico con pena y melancolía…

Se llama Belén Novelli, es de Perpignan y lleva afincada en Valencia unos años con su familia. Tiene 15 años. Es rubia, con pelo corto, delgada,  esconde tras el flequillo una mirada casi tímida y ha sido la primera mujer que ha participado en el Concurso de Guitarra que cada año organiza la Peña Flamenca “Torre del Cante” de nuestro municipio y que este año celebra su XII edición. Este hecho, que no llama la atención en el Concurso de Cante, no debe pasar desapercibido y, por ello, escribo este artículo para no silenciar el paso que ella ha sido capaz de dar en nuestra peña. Un paso que no es sólo físico sino que sienta el primer precedente y que, por ello, es historia. Ella se ha convertido, sin saberlo, en la persona que simboliza en nuestra peña la participación de la mujer a un ámbito que hasta hace poco ha sido desempeñado por varones: el toque de guitarra. A lo largo de la historia del flamenco podemos encontrar magníficas intérpretes en el cante y en el baile no así en el toque. Pero últimos años también podemos escuchar mujeres al toque, mujeres dedicadas de forma profesional y ya no sólo a nivel de afición.

Para los aficionados que conformamos la Peña Flamenca “Torre del Cante” en general y para mí en particular fue un hecho que no pasó desapercibido y se escucharon numerosos comentarios de aprobación y de reconocimiento cuando la presentaron y cuando subió al escenario. La que escribe esto no es una gran entendida de guitarra pero sí pude reconocer en la actuación de Belén, con un silencio sepulcral de fondo de un público entregado, algunas falsetas por bulerías de mi admiradísimo Diego el del Gastor, posiblemente el mejor guitarrista que ha dado Málaga a la historia. Para su actuación en el escenario interpretó las obligadas  malagueñas que el concurso exige, unas bulerías y una soleá. En su toque  se acordó de Sabicas, del Niño Ricardo, de Montoya, de Diego el del Gastor y de Paco de Lucía, por el que siente una gran admiración.
Llama la atención que una persona tan joven pueda conocer a tales intérpretes, además de la soltura con la que lo hizo y el gusto exquisito en escoger las falsetas. Con su paso por la peña dejó claro que el flamenco no entiende de edad, de sexo o de nacionalidad y algo que va mucho más allá y que ella ha sido la encargada de demostrar en la guitarra: es un reflejo de los cambios en una sociedad que da pasos en busca de la igualdad entre mujeres y hombres.
Como ocurre en muchos casos, la afición le viene de un familiar, en este caso, de su padre. Desde hace tiempo que él escucha a guitarristas y cantaores flamencos y la niña ha sucumbido a los encantos de tal música dedicándose, en este caso, al toque, sin maestros que la instruyan sirviéndose tan sólo de su oído y su capacidad de captar la música en las cuerdas de la sonanta.
Si echamos la vista atrás podemos observar que de este concurso han salido guitarristas que hoy están consagrados como grandes figuras: Paco Javier Jimeno, José Juan Pantoja o Antonio Soto, y más recientemente Martín Fayos Limón son prueba de ello. Todos tienen relevancia a nivel nacional en el panorama del flamenco, y hablar a nivel nacional de flamenco es dar por supuesto que lo son a nivel internacional.
Después de su actuación, serena y contundente en las notas, me dirigí a ella para transmitirle mi admiración y para comunicarle que me gustaría hablar con ella tras la conclusión del concurso. Esperó pacientemente hasta que terminaron los cantaores del Concurso de Cante y, ya al final de la noche pude cruzar, con ella y con sus familiares que se mostraban orgullosos de la afición de su hija, algunas palabras que me hicieron conocerla algo más. Vi a una muchacha joven y amable que tiene claro que se quiere dedicar a la guitarra, conoce bien a los grandes maestros y siente debilidad por Paco de Lucía.
Como anécdota me gustaría reflejar la afición de una mujer por la guitarra allá por los albores del siglo XX y, ya que escribo este artículo que hace referencia a la mujer y la guitarra, no me gustaría dejar pasar. Mi bisabuela Ana Vega, que nació en 1900 tocaba la guitarra a sus 10 años. Una guitarra que fue el regalo que le hizo su padre para los reyes y que la conservó durante toda su vida, enseñándoles años más tarde a sus hijos el amor por el flamenco e interpretando, a modo de aficionada, melodías con la sonanta que incluso sus nietos guardan en su memoria. Para nada entraba en los cánones de la sociedad de la época ¿cuándo se había visto una mujer tocando la guitarra? Que cantara ya era un atrevimiento pero tocando la guitarra… Muchos lo considerarían una osadía en aquellos años, hace ahora un siglo, pero eran los gustos de ella y ella no entendía de roles de género ni cosas de esas. Siempre hizo lo que quiso. Me vale su recuerdo para entender que no existen categorías que sean exclusivas para hombres o para mujeres simplemente por el hecho de nacer hombre o mujer.
Dejando a un lado el comentario sentimental que también es histórico y que bien viene a cuento con lo que hoy escribo, dejo claro que este artículo está dirigido a Belén Novelli que ha sido la primera mujer que se ha presentado al Concurso de Guitarra “Mirando a la Torre” y que ha sentado un precedente del que todos nos alegramos en la peña flamenca. Como me gusta que quede patente hago este escrito y lo publico para que podamos entender un poco más el simbolismo de lo acaecido el pasado sábado día 19 de febrero de 2011 en el Concurso de Guitarra “Mirando a la Torre”.
Desde aquí te deseo que te vaya bien en esa andadura musical en la que aún tienes mucho que decir. Enhorabuena.

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Novelli

Nieva en Granada

Nunca había visto nevar. Había reservado la ocasión en vista de que en la costa no es algo usual, y poco a poco, habían ido pasando los años. Sí había visto, en cambio, granizar. Cuando era una niña cayó una buena granizada en el pueblo que hizo saltar de los sofás a todo el pueblo para disfrutar de un efecto meteorológico tan poco usual en tierras malagueñas. Fotos del momento haylas y muy famosas y guardo un recuerdo nítido del día.

Hace dos semanas, en la capital nazarí, hacía un frío terrible. Le temía a conducir y a la formación de placas de hielo más que a otra cosa, pues todos los días debo desplazarme de un lugar a otro. De pronto, un mensaje de whatsapp de los compañeros de un cole me puso en alerta: “Está nevando”. Me levanté, corrí las cortinas y… vi cómo unas pelusitas blancas se deslizaban tranquilamente hasta llegar al suelo creando una atmósfera mágica. Sin pensarlo salí al balcón a que me cayeran encima. Quería llenarme de ellas, sentirlas en mi piel, en mi cara, en mis manos. Alargué las manos para cogerlas mientras una emoción inmensa me hizo llorar ¡Estaba viendo nevar!… Y era precioso.

No olvidaré esa sensación que hoy me ha vuelto a asaltar mientras dormía una impaciente siesta. Tenía pensado ir a un curso, algo que ha sido imposible al comprobar, de nuevo, cómo los copos de nieve caían y se dejaban mecer por el viento planeando lentamente hasta caer al suelo y fundirse. Me he quedado tendida en la cama, mirando a través de la ventana dejando el tiempo pasar sin prisas ni sobresaltos y disfrutando de esa magia que tiene la nieve.

Ahora vuelve a nevar. Estoy sentada en el sofá viendo cómo caen los copos de nieve, imagen que se encarga de resaltar la luz de una farola. Los coches ya tienen una capa blanca sobre sus capós, no hay gente en la calle, pasan pocos coches y yo sigo aquí, sin dejar de mirar hipnotizada la belleza de la nieve y pensando… ¿Cómo me encontraré la carretera mañana?

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Candelaria

Cuando era pequeña, no tendría más de ocho añillos, recuerdo un día de mucha ilusión y ajetreo. Después de llegar del colegio, los niños y niñas de la calle teníamos que hacer algo que nunca antes habíamos hecho: un muñeco  con ropa vieja que iría relleno de papeles y ropas en desuso, dándole una forma lo más humana posible. Recuerdo tanto el momento en el que lo hicimos como la imagen del muñeco: pantalón gris, camisa blanca y cara hecha con sábana blanca en la que pintamos ojos, nariz y boca. Por dentro estaba relleno de ropa vieja y de papel, mucho papel de los BOEs que tenía mi padre en un cuartillo y que estaban ocupando demasiado lugar.

Lo llevamos al casarón entre risas de júbilo, nerviosismo de infantes e ilusión por ver algo novedoso. Era por la tarde noche. Aún no había anochecido pero no había sol, tan sólo unos rayos se alejaban por el horizonte mientras los hombres encendieron una buena hoguera en la plaza de la calleja de San José, o lo que es lo mismo, El Casarón.

Antiguamente había sido el lugar en el que mi bisabuelo metía el inmenso rebaño de cabras malagueñas que tenía. Ahora era una plaza pública y en el centro, en la hoguera, iban a colocar el muñeco. Ni yo ni el resto de los niños y niñas teníamos ni idea del por qué de aquella celebración que tanto nos emocionaba pero era una celebración antiquísima que simbolizaba, con el fuego, la renovación.

En esas hogueras, se aprovechaba para quemar lo viejo que había en las casas y con el fuego se purificaba todo. Era el día de la Candelaria, una de las vírgenes a las que se les hacía fiesta en el pueblo.

Además, tenía la Candelaria una costumbre más y es que, el día 2 de febrero, se presentan ante la virgen de la Candelaria las rosquitas de pan, una por cada nacido en el pueblo desde el año anterior, para bendecirlas y pasearlas por el pueblo por la tarde en unas varas de palo cargadas hasta los topes y que se iban repartiendo entre los vecinos y vecinas. Una tradición que aún no se ha perdido y que llega a nuestros días de una forma muy parecida a la que vivimos cuando pequeños, aunque ahora hagan una hoguera controlada en el centro de la plaza y se hayan perdido las hogueras de los barrios, de las casas de vecinos… Ese recuerdo que me lleva hasta mi más tierna infancia.

¡Que no se pierda!

candelaria2 Candelaria

Eres mi favorita

Hace una semana vi el primero. Estaba sobre la ladera de uno de los montes, casi escondido, a buen recaudo, y lo vislumbré entre las curvas de la carretara de Las Pedrizas mientras conducía. No pude pararme para disfrutar con la tranquilidad que merece, pero… Ohhhh!! Me llenó de felicidad, como siempre que lo veo. Siempre ha causado esa sensación en mí tan sólo de admirarlo y contemplar su belleza.

Otra vez más me rindo a escribir sobre tu belleza infinita y fugaz, nívea y marrón, etérea y olorosa, embriagadora y caprichosa, delicada y generosa. Me cautivas cada vez que te veo, flor de almendro.

almendro

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