¡Por nosotras!

Así, sin esperarlo, hoy quedé con mi amiga Montse, una mujer a la que admiro.
– María, ¡Vamos a tapear algo por el pueblo!
– Venga, en mi casa te espero.
No hace falta más vueltas para pasar un rato ameno y divertido. Con Montse las risas están aseguradas. Cuando llegó subimos la plaza y hemos ido a tapear a La Baranda, donde tantas veces hemos parao.
Esa taberna lleva abierta desde el s. XIX y aún sigue enclavada en el mismo lugar, sirviendo a gentes de aquí y de allá y siendo testigo mudo de mil historias que ella y sus paredes sabrán: tratos, infidelidades, peleas, injurias, declaraciones de amor… Pero a lo que iba, que no nos hemos quebrado la cabeza y allí que llegamos, nos sentamos y a pasar un buen ratico.
Lo normal hubiera sido pedir un ribera del Duero pero nos hemos decantado ambas dos por un tinto con limón. A pesar de estar a finales de septiembre, el día ofrecía un sol que ni pesao ni escondío. Primer brindis: “Por nosotras” ¿cómo no?
Y así empezamos una charla en la que pocos temas han quedado por tocar. Una vez cogido el hilo no hay manera de soltarlo y de una conversación a otra sin dar tregua más que a un buchito del tinto con limón, que ya viene en botellines, pa refrescar el gaznate.
Si hay algo que me gusta de las personas es su sencillez. Me gusta el tipo de personas con quien tener una buena conversación sintiéndome libre y escuchada a la par que respetada y entendida, que ya es decir. Intento ofrecer lo mismo y me meto, sin miramientos, en temas a debatir o sobre los que divagar. Los temas populares son obligatorios. Estando en la plaza es imposible no tocar temas como personajes populares o historias personales. Además, como las dos nos hemos criado en el mismo ambiente, entendemos perfectamente esa jerga popular con la que tanto disfrutamos y defendemos. Por otra parte, también hacer un repaso a la actualidad entre los que ha estado presente, cómo no, la reciente pérdida de nuestro maestro Fermín.
Y es que te pones a hablar y salen las palabras solas.  Hoy, concretamente, resaltaré una a la que le hemos prestado especial atención: “emplumar” que viene a significar hoy “decir las verdades a alguien sin medias tintas”.
“¡A esa la voy a emplumar!”, escuchaba decir yo de pequeña en las conversaciones hasta que un día, hablando, lo solté en casa de mi amiga Ernestina. Su padre, Don Juan, que me la escuchó decir, se dirigió a mí con un gesto muy explícito: “¡Y es que las emplumaban! ¡A las mujeres las emplumaban! Las rociaban de brea, las emplumaban y las paseaban en carretas por las calles a modo de escarnio público, el peor castigo para una mujer: la deshonra familiar.”Y, a modo de reliquia léxica, esa palabra ha salido recientemente en varias conversaciones, aunque mucha gente que la utiliza no conoce su significado.
Aparte de todo eso, estar en la plaza del pueblo tomando un vinito con una amiga, disfrutando de los rayos de sol tenues de un septiembre que se va, riendo y disfrutando a cada sorbo me hace ser feliz, sin necesitar de grandes lujos que ofrecen una felicidad efímera y vacía. Aunque…¿quién dijo que estos ratos no son los que hacen sentir más plenos?
Y así, llegado el momento, hemos finalizado la tarde con una copita de Disaronno. Segundo brindis: “Por nosotras”.

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A mi maestro Fermín

Desde esta mañana que me he enterado de la triste noticia no he dejado de pensar en ti, al igual que tantos y tantas alumnos y alumnas a quienes les diste clases y profesorado que te conocieron a lo largo de muchos años. Las muestras de cariño y afecto se suceden acompañadas de pena y conmoción. Fermín, nunca me hubiera gustado escribir estas letras desde este recuerdo tan amargo, saber que te has ido nos deja a todos sumidos en una gran tristeza pero es inevitable que te escriba estas letras, aunque sea a modo de catarsis, aunque sea a título póstumo. ¡Ojalá las hubieras podido leer y conocer la admiración de tantas personas por tí! Aunque estoy segura que eso lo palpabas en cada sonrisa y mirada de tus alumnos.

No podemos imaginar la influencia que tenemos de quienes nos educan. En manos de mejores o peores educadores caen curso tras curso miles de alumnos. En octubre de 1992 me matriculé en el IES Gerald Brenan en 2º de BUP y latín era obligatorio. No tenía ni idea de latín. Tan sólo me habían dicho que era muy difícil y que no servía para nada. Frases típicas como: “Ese sabe el latín”, se escuchaban antes y, aún hoy, en referencia a alguien que lo sabe todo. Fermín sabía latín. Y muchas más cosas que no se aprenden en los libros.

Cuando empecé las clases, tras el pupitre verde, no sabía lo que me iba a encontrar y él fue el primero que dio a conocer en qué consistía esa lengua que estábamos a punto de tratar en profundidad. Habló de las declinaciones, de que era una lengua “muerta”, que la hablaban los romanos y que el español derivaba de ella. Por entonces, los alumnos no se atrevían a decir abiertamente al profesor ¿y para qué sirve estudiar una lengua muerta? Aunque entre los compañeros se oía decir… y también entre las madres. Una lengua a la que se recurre muy a menudo y que enriquece a aquel que la estudia.

La cuestión es que me estudié de memoria las declinaciones, aunque la tercera fue más dificililla, conocí la historia de Roma, descubrí el fantástico mundo de la mitología y la necesidad del hombre de creer en un ser superior todo ello mientras analizaba frases y más frases, aumentaba el vocabulario e incluso Fermín nos hacía llegar la curiosa historia de las palabras mediante la etimología y los cambios que habían sufrido durante siglos hasta llegar a nuestros días en base a una raíz, algo que a mí me resultaba impresionante.

Más allá del rosa rosae y de impartir clases que bien podían ser aburridas, Fermín nos metía en unos intríngulis romanos, como el laberindo del minotauro, del que no podíamos salir porque las historias que contaba, tal como las contaba, nos atrapaban y nos hacían vivirlas de lleno. Su humor ayudaba muchísimo a esa atracción por seguir estudiando la lengua “muerta” que era el latín hasta el punto de traspasar las fronteras y considerarlo un amigo. Se podía hablar con él de tú a tú porque mostraba una cercanía que invitaba a ello, se reía en clase, gastaba bromas y hasta jugaba al fútbol con los mozuelos, para luego irse en su kawasaki burdeos ante la atónita mirada de jovenzuelos y admiradoras. Le queríamos.

Curiosidades lingüísticas como las palabras inauguración por la alusión augures, los dioses de las domus o imbécil, que es un uso trasladado del que no tiene baeculo o bastón, tesela, longaniza, párvulos, autobús o el automóvil onmibus, personajes como Caronte y su barca, o frases como: Nómina stultorum semper in parietibus, set tibi terra levis, iesus nazarenus rex iudius, o senatus populusque romanus, que algunos llaman “spor” cuando llega la Semana Santa las memoricé gracias a él y su forma de explicar un mundo antiguo que él hacía atractivo.

Yo sí sé que el estudio de latín me cambió la vida. Era una chiquilla cuando me obligaron a estudiarlo en 2º de BUP pero el 3º y COU lo elegí por gusto, pero muy influenciada por la forma en la que me lo presentó Fermín, un hombre tímido y callado, culto y sencillo que se escondía detrás de las gafas y daba sus clases con rigor y maestría, con sabiduría y bien hacer condimentadas con su fenomenal humor y su sonrisa pícara.

Inolvidable,entrañable, amable, sencillo, alegre, gracioso, culto, humilde, trabajador, sufrido. Fermín, no sabes qué pena me da escribir estas letras sabiendo que ya no estás. Me da mucha pena pero espero que estés donde estés encuentres el descanso que aquí no has conseguido. Hasta siempre, maestro. R.I.P.

Pandora

Pandora tiene una cajita en la que están metidos todos los vientos. Su imagen y sus cuentos me han acompañado desde que tuve en mis manos el libro de lectura “Senda” con el que afiancé el aprendizaje de la lectura. Durante mucho tiempo he intentado comprar un ejemplar, pues el mío debió perderse no sé dónde. Me ha costado años pero la cuestión es que lo he encontrado y he vuelto a releer las historias de esa mujer de traje colorido que mostraba sonriente su cajita prodigiosa y sus personajes. Era la década de los ochenta y yo estaba en la EGB.

Y no sólo me he reencontrado con esas historias sino que me ha hecho retroceder en el tiempo y verme sumergida en los pasillos del colegio San Juan en frías mañanas de invierno en las que me abrigaba con la rebeca de punto. He entrado en clase y he visto las caras de mis compañer@s y dónde estaban sentados en la clase así como la decoración del aula: pupitres, profesor, almanaque, mapa mundi, esqueleto humano, percha y armario empotrado… y he visto claramente la imagen de don Rafael nombrando por lista a cada uno de los alumnos/as para que fueran a su mesa a leer con el objeto de contar cuántas palabras leía por minuto. Increible.

Y hasta el olor de las gomas de nata, de papel, de lápices, de rotuladores recién estrenados, de niños pequeños, de libros nuevos me ha asaltado.

Os dejo con Pandora y espero que, al menos su imagen, os haga el mismo regalo que a mí me ha hecho: sentirme como una niña y volver, por un ratito, al aula donde afiancé el aprendizaje de la lectura de la mano de Pandora y de don Rafael, leer sus historias y sonreir si es que no salís a buscar vuestro libro… que Dios sabe dónde andará.

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De vuelta a mi blog

Han pasado algunos meses desde que no escribo aquí. Mal hecho por mi parte porque, para empezar, nunca debe una dejar de dedicar unas letras a las cosas que despiertan interés o que ocurren en nuestra vida diaria para poder, si es que se puede, ofrecer una perspectiva a quien lee dichas letras. Además, cuando escribimos nos sirve un poco de catarsis de aquello que nos está pasando, pero, en mi caso, no he tenido la suficiente valentía, tiempo ni fuerza como para ponerme frente a esta pantalla de ordenador.

Mi pasión por escribir es muy fuerte, mas me he sentido incapaz de poder transmitir ni una palabra en el blog. Será que mi mente estaba demasiado ocupada en buscar soluciones, estaba estresada o, recurriendo al viejo tópico, no estaba inspirada. Sinceramente creo que ha sido lo primero, la necesidad de buscar soluciones a situaciones complejas y novedosas en poco tiempo lo que me ha absorvido y ha dejado relegada, sin vacilar, la alegría que para mí supone escribir y plasmar mi universo personal.

Como ahora tengo las ganas suficientes como para sentarme frente a mi ordenador entiendo que las vicisitudes que he tenido que solventar forman parte del pasado y que tan sólo fueron algo puntual, de las que he aprendido mucho y que me han hecho crecer.
De mi padre aprendí que no hay nada que se interponga entre tu objetivo y tú. Si quieres puedes. Es cuestión de luchar.

Adjunto esta foto del mar porque él me ha renovado las energías cuando he estado débil, me ha dado serenidad y calma cuando he estado preocupada y me ha hecho esbozar una sonrisa.

mar