Mermelada de mandarinas amargas y dulces

Como me vine cargada de mandarinas de las que me regaló mi primo Francisco, las tenía que aprovechar de alguna manera, porque dejarlas pasar no es buena idea.

Esta mañana me ha dado el “avolunto” y me he puesto a pelarlas, quitarle los huesecillos, calentar un cazo y ponerlas a hervir. Me he empleado a fondo y, cuando me he dado cuenta, ya estaba metida de lleno. He puesto, no sé por qué, un cd de Raphael y al ritmo de sus éxitos he hecho la mermelada de mandarinas, unas amargas y otras dulces.

No he mirado ninguna receta en internet ni nada por el estilo, la he hecho a mi estilo. Sabiendo que debe llevar el mismo peso de azúcar que el que tiene la fruta he hecho mis cálculos “a ojo” y no me ha salido nada mal.

La imagen es llamativa, lo sé, pero del sabor… no os digo ná. Es cuestión de probarla porque, realmente, me ha salido muy rica. ¿Qué voy a decir yo?

Y como ya estaba entregada a la causa me he ido a buscar a casa de mi madre una tela para darles ese regusto a antiguo, para ponerla sobre la tapadera y su guita anudada en el borde. Ese es el resultado.

Y así he pasado la mañana de domingo soleado, haciendo un manjar exquisito y cercano además de fácil y barato. Quien quiera que me lo diga, que le hago un tarrito de mermelada de regalo porque estas ya están rifás  jejeje. ¡Feliz domingo!

 

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En la cazuela, a fuego lento. 

 

 

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Listas para comer!

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Cumpliendo un sueño: Visita a la casa de Luquitas

De pequeña, cuando pasaba en el coche en dirección a casa de mis abuelos a Las Monjas, me quedaba mirando la casa abandonada que había en lo alto de una era, en Tetuán. 

Me preguntaba quién habría vivido allí, cómo había sido la vida de sus dueños, cuántos años tendría la casa, por qué la habían abandonado, si habría tesoros allí escondidos… Me quedaba con las ganas siempre de visitar esa casa olvidada que un día fue de señorío a juzgar por sus dimensiones, fuertes muros y vistosidad suntuosa. 

Pasaron los años. Un día, coincidencias de la vida, hablando con mi primo Francisco, que le encanta la historia y las historias, llegamos a esa casa a lo largo de nuestras interminables y animadas conversaciones. Decidimos que sería una aventura ir a visitarla y adivinar las vidas de Luquitas y su familia, los dueños de la casa. Y eso hicimos este soleado sábado. 

Llegamos a lo alto de la era con emoción y una vez allí empezamos a hacer conjeturas: aquí había un horno, mira la salida de humo, estas vigas de madera muestran que hubo un incendio, mira las losas, esto parece una pila de lavar, y aquí estarían los animales, esto sería el dormitorio, y esto un palomar, ¿por qué tantas piedras redondeadas aquí apiladas?, ¿Por qué esta ventana tan pequeñita? y estas tablas ¿Qué hacen aquí? Aquí hay una tela, ¿Será una cortina?

Pasamos un rato genial transportándonos a 1901 momento en el que, según rezaba en la fallada de la entrada, se construyó la casa. Y luego nos fuimos a Tetuán. 

 

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Tan sólo una vez en mi vida, por casualidad y siendo una niña, visité Tetuán a donde llegué con mis primos, los de tita Lolita. El sábado quedé maravillada por las vistas a la Vega del Guadalhorce, los naranjos empezando a florecer, los nogales,el cauce seco de un arroyo, las naranjas navelate del campo de mi primo, los panales y las mandarinas… ¡Y qué mandarinas! Nunca ninguna me supo igual que la que me comí a bocaos el sábado allí, en Tetuán, al sol del Guadalhorce. 

 

 

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Planto por Francisco Sánchez Gómez

 Antes de salir de Alhaurín de la Torre llamé a varias floristerías porque la peña flamenca a la que pertenezco y que un día presidí me encargó que comprara una corona a Paco de Lucía. En la cuarta floristería a la que llamé sí le quedaban flores. Las demás ya no tenían. Esa sería una forma mínima de homenajearlo.

Nos recibió una fina capa de lluvia en Algeciras, que estuvo cayendo todo el día. Lloraba por él. La cola del Ayuntamiento crecía por momentos y se veía gente variopinta. Vecinos de Algeciras me preguntaron que desde dónde había ido y cuando les dije que de Málaga se sorprendieron. Al momento alguien dijo que venía de Bilbao y otro más allá dijo que de Asturias, que habían pasado la noche de camino para acompañarlo. Fue entonces cuando una vecina dijo: “Ayer llegó una japonesa que ha venido de Tokio. Dice que era una fan total de Paco”. Ese ambiente se respiraba en la cola para visitar la capilla ardiente en el Ayuntamiento, que de forma ordenada y escrupulosa recibía a cientos de personas guiadas en un recorrido estipulado.

Encontrarme frente a frente con la capilla ardiente fue un momento íntimo que guardaré para siempre. No tengo palabras para expresar las emociones que pude sentir. Había con él grandes personalidades además de su familia, que esperaron hasta ya pasadas las doce y media para dirigirse a la iglesia de La Palma. La nube de fotógrafos y cámaras seguía un ritmo vertiginoso. Antes de irme dejé impresas unas palabras en el libro de honor, todo un honor para mí.

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Cuando llegó el féretro a la plaza de la iglesia un sonoro aplauso acompañado de vítores lo recibió. La iglesia intentó acogerlo con un silencio sepulcral pero pronto las voces quebradas de los amigos, familiares y seguidores rompieron ese silencio con ovaciones de ¡Ole Paco! ¡Viva Paco de Lucía! Entrando por la nave central camino del altar en medio de un atronador aplauso y un mar de lágrimas.

La misa que despidió al maestro estuvo oficiada por el párroco de Algeciras. Además le dio la palabra a su manager Michael Stein con quien llevaba más de veinte años de relación profesional y de amistad. Michael, en el altar y hablando en inglés, dedicó unas sentidas palabras sobre sus vivencias más cercanas con la persona y la cúspide a la que el artista lo había elevado “La gira que empieza ahora la haré sin tí. Espero reunirme contigo allá donde estés y continuar como siempre”, unas palabras traducidas por Juan José Téllez, su biógrafo.

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Por su parte, Juan José Téllez, su biógrafo, leyó un escrito en el que se plasmaba el recorrido vital de Paco antes de nacer incluso y que se extendía hasta el más allá, hasta su estela infinita. Mientras tanto pasó por la Bajadilla, por la casa levantada sobre cañada real en la que se crió Paco, en la calle de San Francisco, por el río Ancho, por las playas, por su madre, su padre, sus hermanos, su música, su flamenco, sus amigos, sus vecinos, sus vivencias, su grandeza y su particular capacidad de percibir, esa sensibilidad que lo elevó hasta el cielo desde que comenzó a tocar las cuerdas de una guitarra.

Acto seguido un cantaor entonó, bajo un silencio sepulcral, sus propias letras:

“Las cuerdas de laguitarra están llorando

lloran por seguiriyas

lloran por tí

Paco de Lucía”

A lo que contestó Remedios Amaya, muy emocionada y compungida con una seguiriya también. Después de eso, el párroco tomó la palabra y pidió por la familia y el alma de Paco. Agradeció el calor recibido por parte del pueblo de Algeciras y expresó el deseo de la familia de darle cristiana sepultura a Paco en la más estricta intimidad en el cementerio viejo de la ciudad donde hacía unos meses había ido a visitar a sus padres y dijo: “Qué tranquilo se está aquí”.

El féretro salió entre vítores y aplausos por bulerías. Una marabunta de gente se agolpaba a la salida del templo bajo una lluvia que no dejaba de caer y, por encima de todo, se escuchaba: ¡Viva Paco de Lucía! ¡Viva Paco! ¡Ole! ¡Ole!. Impresionante.

Raimundo Amador, Michael Stein, Juan José Téllez, Farruquito, Farru, Rancapino, Tomatito, Vicente Amigo, Rubem Dantas, Estrella Morente, Javier Conde, José Juan Pantoja, Paco Cepero, Curro Romero, Pansequito, Tomatito, Ricardo Miño, Fosforito, Remedios Amaya, Masiel, su familia, sus hijos, sus vecinos, sus amigos, sus seguidores y cientos de anónimos le acompañábamos y no dejamos de aplaudir a su salida del templo.

Hoy reposan sus restos en la Isla Verde, el lugar que lo vio nacer, al que elevó hasta la eternidad y por el que siempre sintió un apego especial. D.E.P. Francisco Sánchez Gómez.